
El director del Hospital “Carlos G. Malbrán”, Daniel Godoy brindó una extensa entrevista a El Esquiú.com en la que habló de la actual situación epidemiológica de Catamarca en el escenario de la pandemia de COVID-19. Godoy también reveló algunas intimidades que vivió junto a la “Familia Malbrán”, como llama al equipo de trabajadores que presta servicio en el centro de salud. El lector podrá conocer estos detalles en esta página y la siguiente.
Rebrote En un pasaje del diálogo, Godoy comentó que por estos días “estamos, claramente, en un rebrote de la primera ola. No es que se terminó la primera ola y empezó la segunda. La primera nunca terminó. Es un rebrote de la primera ola. Y un rebrote que es peor que el pico máximo que tuvimos en el momento más candente. Y encima de todo, no hay vislumbre de que esto descienda en lo breve. Al contrario, estamos esperando que esto siga ascendiendo”.
Efecto fin de año
El director del Malbrán, además, destacó que el efecto generado por las celebraciones de las fiestas de fin de año se podrá ver en “la primera quincena de enero, pero tampoco es que ahí se va a terminar. Sigue en las vacaciones”.
Antes de que el Gobierno provincial decida regresar a la Etapa Amarilla, se le consultó a Godoy sobre la posibilidad de que la población no acompañe esa fase de convivencia y mencionó que “existe la posibilidad de que la gente no adhiera porque la gente está cansada. Está harta. Estamos en un momento muy difícil. Esto lo venimos analizando con mi señora (la directora del Laboratorio Central de la provincia, Dra. Verónica Campi). Ella sale en los titulares de los diarios diciendo que es el peor momento y efectivamente es el peor momento. No por la cantidad de casos sino por lo que falta por vivir. Lo vamos a sufrir ahora, en este tiempo”.
En otro pasaje, Godoy señaló que la enfermedad del coronavirus “tiene una mortalidad social: de cada 10 graves, cuatro pacientes van a morir. Cuantos más pacientes haya, más internados va a haber, más internados graves, más necesidad de terapia intensiva, la mortalidad va a aumentar. Cuando se incremente la tasa de mortalidad, porque hay pacientes que vienen muy viejitos, muy deteriorados y forzosamente van a incrementar la tasa de mortalidad. Es muy común que la gente empiece a criticar, que en el hospital esto, que en el hospital lo otro, cuando no entienden en realidad que esto fue ocasionado por una mala conducta social”.
La primera muerte de un paciente
Godoy también recuerda cómo atravesaron el primer fallecimiento de un paciente COVID en el Malbrán. “Pese a todo el esfuerzo, la primera persona que falleció fue una persona relativamente joven. Eso dolió mucho porque la pelea se prolongó casi 28 días. Fue una pelea en la que no hubo descanso en ningún momento, como no lo hay ahora tampoco. Tener mucha gente y haber levantado la gente después, porque todos sufrieron su bajón porque es muy doloroso para nosotros que un paciente se nos vaya después de haberlo peleado hasta las últimas consecuencias. A veces, lamentablemente, la enfermedad en sí o la naturaleza, hace que los individuos no puedan tolerarla. Es una enfermedad bastante cruel, afecta todos los órganos. Es una enfermedad muy grave para la parte respiratoria. Es una enfermedad muy compleja, encima es larga. En general, una enfermedad crítica tiene un periodo agudo de 7 a 10 días. El COVID-19, en los pacientes graves, el periodo agudo grave dura 21 días. Tres semanas. Durante tres semanas tenés que estar lidiando con todos los aspectos. Durante tres semanas el riesgo de muerte es permanente, minuto a minuto, hora a hora, día a día. Es muy trabajoso. Encima las cosas son muy dinámicas, cambian de un momento para el otro. Ojalá yo tuviera la posibilidad de trabajar como se trabaja en Estados Unidos, donde tenés cuatro enfermeros por paciente. Acá yo he logrado un enfermero por paciente”, dice Godoy.
La vacunación y una encuesta anónima en el Malbrán
Godoy llega en su camioneta marrón. Saluda a los agentes de seguridad. Cruza la puerta de ingreso. Baja del vehículo. Camina unos pocos metros. Abre la puerta de un consultorio. Las paredes son blancas. Las cortinas, negras, como su uniforme de trabajo. En el sector izquierdo, hay pinturas de Picasso que trajo del Museo Picasso de París. A la derecha, un recuadro en el que aparece él, su esposa y sus dos hijos. También una pequeña imagen de la Virgen del Valle y un muñeco de un médico sujetando un virus SARS-CoV-2. Hay chaquetillas y barbijos. Está rodeado de lo que le gusta, de quienes ama y de su rutina. O sostenido por todo eso.
Se sienta y cuenta que antes eso era una habitación de hotel. Y hace una aclaración: dice que está negativo de COVID. Aunque primero está con los brazos cruzados, después Godoy se suelta. Se lo ve más animado y hasta gesticula. Lleva sus lentes, pero pareciera no necesitarlos porque a veces inclina la cabeza y mira por encima de los cristales. Ahí, cuando se encuentra con la guardia baja, revela de qué manera vivieron el proceso de vacunación en el hospital.
“Al principio nadie se quería vacunar. Hace tres meses no se hablaba de cuál era la vacuna que iba a venir. Llega la posibilidad, con nombre y apellido, la Sputnik V, sea la responsable de que nosotros nos vacunemos. Y ahí fue mi gran sorpresa. ¿Por qué? Porque mandé a hacer una encuesta interna anónima. Mandé a hacer la encuesta porque yo tenía que contestar una nota que venía del ministerio, diciendo: ‘Doctor, de su personal, ¿quiénes son los que se van a vacunar?’. Entonces, antes de poner nombre y apellido, hice la encuesta anónima. Para mi sorpresa, en la encuesta anónima el 90% se va a vacunar y un 10% no dijo que no, sino que estaba indeciso. En base a esa encuesta, empecé a tomar contacto con la cantidad de gente que pude tener contacto (en el hospital). Habrá sido la mitad (del personal) y todos en cierta forma me pusieron entre la espada y la pared. Como ellos saben que soy el que dicto las normas, el que estudio, todos confían en mí. Entonces (dicen) ‘vamos a hacer lo que usted haga’. Qué responsabilidad… porque ¿cuál es la certeza? Esta es una vacuna que todavía no tiene los papeles necesarios, por ejemplo, una publicación de fase 3. Entonces, ante la carencia de datos publicados comenzamos a investigar. Que no estén publicados no significa que no existan. Empecé a analizar todos los aspectos porque sentía que la responsabilidad de que todos se vacunen era mía. Quizás otros no, lo hacían por convencimiento propio. La técnica que utilizaron para la vacuna es una técnica probada mundialmente y altamente eficaz. Los estudios de fase 1 y fase 2 han dicho que es una vacuna efectiva y es una vacuna que, dentro de todo, da síntomas colaterales pero a corto plazo, no a largo plazo. Sabemos que es efectiva y relativamente segura. Entonces digo, ¿por qué no hacerlo ante esa oportunidad? Empecé a plantearlo al revés, ¿por qué no? En base a todo eso y la responsabilidad que tengo como director del hospital, decidí vacunarme. Cada cual estaba a su voluntad, les aclaré que esto no es obligatorio. De los 147 (trabajadores) se vacunaron 145. Dos no se vacunaron porque no están en Catamarca, están pasando fin de año con sus familiares. No sé si lo van a hacer cuando vuelvan. Si me preguntás si sentí algo, no hasta las 04 del día siguiente. Ahí me despertó la fiebre y un malestar inherente a la fiebre. Ibuprofeno y se solucionó el problema. Hoy estoy perfectamente bien. Supuestamente el 7, 8 de enero estaría llegando la segunda dosis”, relata.esquiu