
En un esfuerzo por transformar la materia prima regional en productos con sello propio, el INTA Andalgalá encabezó una innovadora experiencia piloto centrada en el membrillo, fruto emblemático del departamento. Bajo la premisa de que la articulación es la clave del desarrollo, la iniciativa logró unir al sector técnico, educativo y gubernamental.
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Una experiencia interinstitucional
El proyecto no nació de forma aislada. Se concretó mediante un trabajo coordinado entre tres pilares fundamentales de la comunidad:
INTA Andalgalá: Aportando el conocimiento técnico y la visión estratégica.
Escuela Agrotécnica de Huaco: Brindando el espacio pedagógico y la mano de obra entusiasta.
Municipalidad de Andalgalá: Respaldando la logística y el alcance territorial.
Esta sinergia busca no solo procesar una fruta, sino reafirmar el compromiso con el desarrollo productivo de la región, creando un modelo replicable para otros cultivos locales.
De la planta a la mesa: Innovación en el aula
El corazón de la actividad estuvo en manos de los estudiantes de 4° año de la Escuela Agrotécnica, específicamente dentro de la currícula de Procesos de Industrialización.
Lejos de la teoría de los libros, los jóvenes se involucraron directamente en la creación de dos productos con alto potencial comercial:
1 - Jugo de membrillo: Una alternativa natural y refrescante.
2 - Harina de membrillo: Un producto innovador que explora nuevas fronteras gastronómicas y nutricionales.
«Estas instancias permiten que los futuros técnicos incorporen conocimientos prácticos, explorando oportunidades reales de agregado de valor que mañana podrán aplicar en sus propios emprendimientos», destacaron desde la organización.
Impacto en el territorio
Más allá del aprendizaje académico, estas iniciativas tienen un impacto directo en la economía regional:
Revalorización: Se le otorga un nuevo estatus a una fruta tradicional.
Innovación: Se rompe con la producción primaria básica para pasar a la transformación industrial.
Herramientas para el sector: Los resultados de esta prueba piloto sirven como base para que productores y emprendedores locales vean nuevas vetas de negocio.
Con acciones como esta, Andalgalá demuestra que el trabajo colectivo es la herramienta más potente para fomentar el desarrollo local y generar un futuro sostenible para su producción frutícola.