
Vecinos y productores de la zona cordillerana denuncian que el proyecto «Cortaderas Sur», de la empresa KABIL, pone en riesgo el ecosistema y la producción ganadera que sustenta a familias históricas de la región. El temor por el uso del agua del río Chaschuil llega hasta Fiambalá.
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La calma de la cordillera catamarqueña se ha visto interrumpida por una alarma que crece entre los cerros. El centro del conflicto es el proyecto de exploración de litio Cortaderas Sur, operado por la empresa KABIL. Mientras los despachos oficiales hablan de progreso y transición energética, en el territorio el sentimiento es de desprotección y miedo.
Un testimonio de medio siglo de arraigo
En una reciente entrevista con el programa «La Bitácora» (Radio Tabaruco 94.5), conducido por Arturo Rodríguez, Cristina Siarez, productora local con 50 años de vida en el Valle de Chaschuil, alzó la voz en representación de quienes habitan el área de influencia directa de las futuras perforaciones.
«Todo se va a contaminar. Esta empresa, dicen, que tomará el agua del río y nosotros tenemos nuestros animales: cabras, ovejas, vacas, chanchos… con esto vamos a perder todo», sentenció Siarez con la angustia de quien ve amenazado su único medio de vida.
La productora fue enfática al diferenciar su economía de la dependencia estatal: su familia ha subsistido durante décadas gracias al sacrificio de la ganadería, logrando incluso que sus hijos accedan a estudios universitarios en La Rioja sin haber tenido jamás un empleo público.
Las señales de alerta en el agua
Para los habitantes de la zona, los cambios ambientales no son una posibilidad futura, sino una realidad que ya están percibiendo. Siarez denunció anomalías que, según su relato, son inéditas para la región:
Mortandad de animales: Aumento de casos de sarna y muertes inexplicables.
Alteración del recurso hídrico: El agua del río comenzó a bajar turbia, un fenómeno que no se condice con los ciclos naturales históricos del valle.
El temor central radica en el uso de sustancias químicas y el consumo masivo de agua del río Chaschuil. Este curso de agua no solo es el motor de la ganadería de altura, sino que es una pieza fundamental del sistema hídrico que abastece a la ciudad de Fiambalá.
¿Progreso o sacrificio?
La llegada de KABIL ha reabierto una grieta profunda en el distrito. Por un lado, el discurso del desarrollo económico vinculado al «oro blanco»; por el otro, la incertidumbre de familias que sienten que su derecho al agua y a un ambiente sano está siendo ignorado.
La pregunta que resuena con fuerza en todo el Abaucán sigue sin respuesta oficial: ¿Quién garantiza que la exploración en la zona baja de la cordillera no sea el acta de defunción para la producción y la vida de las familias históricas de Chaschuil?
Informe: Multimedios El Abaucán Digital