
El ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, formalizó su salida del gobierno de Javier Milei mediante una carta en la que realizó un balance de su gestión, marcando un fuerte contraste entre su desempeño público y las acusaciones que enfrentó durante los últimos meses. En un descargo contundente, Adorni calificó su proceso de salida como una respuesta necesaria ante una «campaña sistemática de desprestigio».
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Una gestión marcada por el hostigamiento
En su misiva, el ex funcionario denunció haber sido blanco de operaciones mediáticas que, según sostiene, excedieron la crítica política para adentrarse en la difamación personal. Adorni rechazó de plano una larga lista de acusaciones que lo señalaban por presuntas irregularidades.
«Las mentiras que se han dicho fueron de lo más variadas», sentenció, al enumerar una serie de versiones sin sustento que circularon sobre su figura.
Entre las denuncias que desmintió figuran:
Irregularidades financieras: Supuestos viajes, gastos suntuosos, contrataciones irregulares y negocios con empresas públicas.
Patrimonio cuestionado: Versiones sobre mansiones, vehículos de lujo, granjas de criptomonedas y un supuesto «pendrive lleno de dólares».
Acciones personales: Desmintió cirugías estéticas costosas, sociedades en Uruguay y supuestos pagos a la prensa para silenciar publicaciones.
El límite entre lo público y lo privado
Uno de los puntos más críticos de la carta es la denuncia sobre la invasión a su vida familiar. Adorni señaló que los ataques traspasaron la barrera de lo profesional para afectar su entorno íntimo.
«Confundieron lo público con lo privado e íntimo. Inventaron amantes, hijos, hermanos, divorcios y hasta un padre biológico distinto al real», relató con indignación. Según explicó el ex jefe de Gabinete, la necesidad de proteger a su familia frente a este nivel de exposición fue, en última instancia, el factor determinante que precipitó su decisión de apartarse de la administración pública.
Respuesta a las teorías de poder
Adorni también salió al cruce de versiones que sugerían que su permanencia en el cargo se debía a una supuesta extorsión hacia el presidente Javier Milei y la secretaria General de la Presidencia. Calificó estas afirmaciones de infundadas y reiteró que su salida se da en un marco de coherencia.
«Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas», enfatizó, reafirmando que nunca existió una prueba que comprometiera su conducta durante su ejercicio.
Un balance final de paz interior
A pesar del desgaste provocado por lo que definió como un «hostigamiento constante» por parte de ciertos sectores periodísticos, Adorni concluyó su mensaje con un tono de serenidad. Aseguró retirarse con la tranquilidad de haber cumplido con sus compromisos y de haber actuado bajo una conducta ética.
«Hoy me voy a ir a dormir en absoluta paz conmigo mismo y con lo hecho por el país», concluyó el ex funcionario, cerrando así su capítulo en la primera línea del Poder Ejecutivo.