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San Juan Bautista, un patrono de más de cuatro siglos


Es cosa sabida que el 24 de junio se celebra a San Juan Bautista, festividad que llegó a ser la más popular en España desde el siglo XII. Lo poco conocido es que, desde hace más de cuatro siglos y medio, San Juan ejerce su patronazgo sobre alguna jurisdicción del actual territorio catamarqueño. Ese patronazgo, incluso, es más antiguo que el de la mismísima Virgen del Valle.

El culto a San Juan Bautista como patrono de la ciudad de San Fernando tiene su génesis en la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra, fundada en territorio catamarqueño por Juan Pérez de Zurita a mediados de 1558, hace 463 años. Una aceptada tradición histórica afirma que fue el 24 de junio. Esa ciudad cambió de nombre y de lugar varias veces y fue refundada otras tantas, pero San Juan Bautista continuó siendo venerado como patrono.

La historia nos enseña que todas las ciudades argentinas, fundadas en la época hispánica, tuvieron sus santos patronos asignados por sus fundadores o elegidos por los Cabildos. Desde tiempos remotos, todos los actos de los hombres estuvieron regidos por un profundo sentido religioso. Antiguamente en Europa y Asia se consideraba al acto fundacional de una ciudad o pueblo como algo vinculado muy estrechamente con los dioses de su religión, por lo que se creyó de obligación la realización de ciertos ritos y ceremonias propiciatorias dedicadas a quienes estimaban serían los protectores tutelares de la nueva concentración humana. Tal fue el carácter de la fundación de ciudades. Por esta razón, como en todo acto religioso, existieron preestablecidos determinados ritos y ceremonias.

Cuando se iniciaba el proceso fundacional de una ciudad, tras el trazado de calles y repartimientos por los conquistadores, se elegía al santo que debía velar por los habitantes, las cosechas y los ganados del nuevo asentamiento. Para designar al patrón, protector o abogado del lugar, se acudía al santoral o al sorteo. En ocasiones, se elegía al santo del día; en otras, el onomástico del fundador, el de los monarcas, o simplemente algún topónimo que recordara el lugar. Las fiestas patronales, con sus programas religiosos y civiles, a cargo de los cabildos, se encargarán de recordar a sus ciudadanos este tipo de festejos de carácter popular.

Todo esto conocía el capitán Juan Pérez de Zurita cuando fundó la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra en 1558. Y es en ese momento fundacional, sin dudas, en que se realizó la elección de San Juan Bautista como patrono de la ciudad, sin dejar de lado una posible intención de perpetuar el recuerdo de su nombre de pila con la elección como protector de la ciudad del santo de su onomástico, Juan. Esta ciudad de Londres sufrió sucesivos traslados, refundaciones y nuevas fundaciones, pero el patronazgo de San Juan perduró en las ciudades subsiguientes.

Cuando el gobernador Alonso de Ribera reanudó la obra colonizadora en nuestra región enviando a Gaspar Doncel para que erija una nueva ciudad en 1607, la misma fue nominada San Juan Bautista de la Ribera de Londres. Esa misma ciudad será la que en 1612 recibirá el nombre de San Juan Bautista de la Paz.

Dos décadas después, en 1633, cuando el gobernador del Tucumán Jerónimo Luis de Cabrera fundó en el actual Pomán la ciudad de San Juan Bautista de la Rivera, dejó estampado en el acta capitular correspondiente que “…en nombre de Dios Nuestro Señor y de su bendita Madre y de los santos San Juan Bautista y San Blas a quienes he tomado por abogados e intercesores y Patrones de esta ciudad…”. Hacia 1640 esta ciudad de San Juan Bautista de la Rivera de Londres, se hallaba desierta. Se decía que “no tiene forma de población ni merece el nombre de ciudad...”.

Cuando promediaba el siglo XVII los moradores de Londres elevaron un pedido al Rey, en el que argumentaban que “se trasladase la ciudad de Londres de Pomán al Valle de Catamarca”, es decir, al actual San Isidro, en el Departamento Valle Viejo. Pero este pedido de traslado de ciudad significaba la creación de una nueva jurisdicción, ya que el Valle de Catamarca no pertenecía a la jurisdicción de Londres sino a la de San Miguel de Tucumán. La Real Cédula del 16 de agosto de 1679 tiene como objetivo autorizar el traslado y establecer el sitio de la nueva ciudad. Quien tuvo que cumplir con este mandato de la Corona fue el gobernador Fernando de Mendoza Mate de Luna, que ingresó al Valle el día 30 de mayo de 1683. Para fijar exactamente el sitio, el gobernador convocó, el día 16 de junio, a 22 de los principales moradores de Las Chacras. Sólo cinco de ellos manifestaron su deseo de que la ciudad se levante en el mismo sitio de la Población del Valle; el resto, la gran mayoría, se inclinó por el lugar denominado Los Mistoles (hoy Pozo del Mistol). Ninguna de las dos posturas convenció al fundador, quien resolvió levantar la ciudad en el sitio donde hoy se encuentra, en la margen derecha del Río del Valle. Para el 23 de junio ya había elegido el primer cabildo y el 5 de julio dio forma a la nueva ciudad a través de la ceremonia tradicional de fundación.

Pero los moradores de la Población del Valle, luego de la ceremonia de 1683, no abandonaron sus chacras y estancias, a pesar a haber recibido solares en el sitio de la nueva fundación. Y así pasó más de una década, hasta el 1 de enero de 1694 en que el teniente gobernador de San Fernando, Bartolomé de Castro, obedeciendo el mandato del gobernador Martín de Jáuregui, emitió un bando en la Población del Valle intimando a los vecinos "a edificar sus casas [en la ciudad de San Fernando] y a instalarse en ellas, so pena de pérdida de feudo para los encomenderos y de los solares repartidos para quienes no lo fueran". Castro edificó a su costa una capilla “decente” en el sitio donde hoy se levanta la Catedral de Catamarca. El 7 de abril de 1695 quedó establecida, definitivamente, la ciudad de San Fernando, en el Valle de Catamarca, luego de ser trasladados, en procesión, desde el Valle Viejo, el Santísimo Sacramento y la imagen de Nuestra Señora del Valle, “abogada de la ciudad”. En esa solemne procesión participaron “niños indios de ambos sexos” y se levantaron altares en el recorrido entre ambas poblaciones. Para ello, Bartolomé de Castro tuvo que “abrir un camino por lugar agreste y montañoso, cruzado por un río caudaloso y crecido sobre el cual construyó un sólido puente”. La imagen de la Virgen fue entronizada en la nueva capilla, “cantándose misa y celebrándose otras ceremonias piadosas en presencia del cabildo y del alférez real con el estandarte del soberano”. Se conoce que al finalizar esas ceremonias Castro hizo poner “mesa franca” para todos los que fueron acompañando a “Sus Divinas Majestades”.

Dos meses después, el 24 de junio de 1695, hace ya 324 años, el Estandarte Real fue paseado por las calles de nuestra ciudad durante la fiesta de San Juan. El teniente gobernador Bartolomé de Castro había ordenado que todos los españoles “de cualquier condición y calidad” concurran a la flamante ciudad de San Fernando el día 23 de junio, víspera del patrono San Juan, con el fin de acompañar al Estandarte Real, “que debe salir enarbolado por la ciudad como es uso y costumbre”, dispuso que se pregone, publique y notifique dicho auto para la jurisdicción. Es la primera vez que se celebra el día de San Juan en la nueva ciudad de San Fernando.

La veneración a San Juan pasó, de esta manera, desde la ciudad de Londres de Pomán a la ciudad San Fernando de Catamarca, que ya veneraba a la Inmaculada Concepción, la Virgen del Valle; en cambio el culto a San Blas cayó en el olvido.

El 19 de junio de 1718, ya en el sitio donde hoy está nuestra ciudad, los miembros del Cabildo se reúnen para entregar, como es costumbre, el real estandarte al alcalde ordinario de primer voto para que lo tenga en depósito, enarbole y pasee en la víspera y en el día del Señor San Juan. Describe la fuente que se trasladaron hasta la casa y morada del maestre de campo don Francisco de Cubas Palacio (bisabuelo del gobernador José Cubas), Procurador General y Gobernador de Armas de esta ciudad, quien tiene el estandarte real en su domicilio. Estaba sobre una mesa “en una palangana de plata cubierto con una toalla de Cambray”.

¿Qué era el estandarte real?

En estas tierras americanas, donde el rey era un rey ausente, y aún más alejados de los centros de poder como la capital del virreinato, la presencia regia era simbolizada por un estandarte de ricas telas con el escudo real y el de la ciudad a cada lado, que era paseado por la ciudad en fiestas de importancia, principalmente la del santo patrono. Era tal su importancia y sentido, que su resguardo, entrega, recibimiento y traslado revestía todo un ceremonial y objetos suntuarios, como una bandeja o palangana de plata y una cubierta o toalla de lujosa tela francesa de Cambray.

Continuando con la ceremonia, el Procurador Cubas entregó el estandarte al alcalde de primer voto, el sargento mayor Ignacio Carrizo de Garnica, a quién mandó hacer el juramento de fidelidad y pleito homenaje que tiene fuertes y profundas reminiscencias medievales. Carrizo de Garnica se arrodilló y juntos sus manos con las de Cubas Palacio y dijo que juraba solemnemente a Dios nuestro Señor, a la señal de la Cruz y a los cuatro evangelios santos y prometió guardar fiel y lealmente dicho real estandarte por el tiempo en que lo tuviere en depósito y no entregarlo a quien no le competa, antes sí defenderlo hasta perder la vida… guardando en todo lealtad como caballero hijodalgo según leyes y fueros de Castilla. Luego de esta ceremonia, acompañaron hasta su casa al alcalde Carrizo de Garnica, portando el estandarte.

Con el paso del tiempo, la celebración a San Juan Bautista fue adquiriendo brillo y solemnidad. En 1780, además del paseo del Estandarte, se realizaban torneos de cañas y se iluminaban las calles. En 1783 el paseo del estandarte fue acompañado de las milicias catamarqueñas. Y en el siglo siguiente, en el XIX, continuó la costumbre de las luminarias más los oficios religiosos. Justamente un día después del 25 de mayo de 1810, el 26 de mayo, sábado, se efectúa una sesión ordinaria del Cabildo de Catamarca. Toma la palabra el Alcalde de Primer Voto, Gregorio de Segura, y dice que “siendo el miércoles 30 del corriente mayo día de San Fernando en el que cumple años nuestro Soberano Rey muy amado don Fernando el Séptimo en cuya acción se debía celebrar la Misa Solemne de Gracia…”. Se debía informar del asunto al Cura Rector y Vicario Foráneo de la ciudad, a los prelados de las comunidades religiosas, al Comandante de Armas, para que concurran a la Misa. Se ordena que se publique por bandos en los “lugares acostumbrados” para que todos los vecinos tomen conocimiento y asistan a la ceremonia y también se encarguen de la iluminación el día anterior y el mismo día del evento. Por otro lado, en la misma sesión se trató el tema de las próximas celebraciones, el 24 de junio, del Santo Patrono, San Juan Bautista. Esta sesión del 26 de mayo fue la última del mes y la próxima se concretó el sábado 2 de junio. En esa reunión se resuelve otorgar 34 pesos al Alcalde de Segundo Voto y Alférez Real que paseará el estandarte real, a caballo, alrededor de la Plaza.

Al año siguiente, en sesión del cabildo del 22 de junio de 1811, se resuelve algo significativo. Se invitó al Vicario Foráneo, comunidades religiosas y al Comandante de Armas de la ciudad, para que asistan a la víspera y día del patrón San Juan Bautista y se aclara que en esas ceremonias “se solía celebrar la función del Real Estandarte”. Se informa que por orden de “la Excelentísima Junta que actualmente nos gobierna” se había paseado el estandarte el 24 y 25 de mayo, “con reserva que siempre se hiciese en los días de los santos patronos, solemne Misa y Sermón”. Asistimos, así, a un cambio relevante en la tradición y costumbres hispánicas y monárquicas del estandarte como símbolo del rey a un nuevo régimen republicano; notamos que la ceremonia del estandarte se traslada de una ceremonia religiosa a una civil.

Dos años después, el 13 de marzo de 1813, el Cabildo encomienda al Alcalde de Segundo Voto que se haga cargo de las misas y sermones correspondientes al 25 de mayo, “en memoria de la feliz instalación de nuestro gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, y el 24 de junio, “por el Señor San Juan Bautista, Patrón de esta ciudad”. Poco después, el 22 de mayo de 1813, el Cabildo resuelve disponer 100 pesos para solemnizar las funciones del aniversario “de nuestra feliz revolución” y la del patrón San Juan Bautista.

En el año 1820 se plantea una situación especial. El 13 de mayo se informa que por un conflicto con los vecinos que ocuparon el cargo de Regidor Alférez Nacional, no se podrían llevar a cabo las fiestas cívicas acostumbradas para el 25 de mayo. Se resuelve entonces pasar esas fiestas cívicas para el día del glorioso San Juan Bautista, tutelar de los catamarqueños. El 17 de junio el Cabildo informa que las fiestas cívicas suspendidas del 25 de mayo se realizarán finalmente el 9 de julio pero que el 24 de junio debe brindarse al Santo Patrón San Juan “toda la honra posible debida a su día por la constitución de este Pueblo y según la costumbre asentada…”.

Luego de la desaparición del Cabildo en 1828, fueron los gobernadores de Catamarca los que prosiguieron la tradición de celebrar la fiesta de San Juan. Por ejemplo, el 23 de junio de 1846 el gobernador Manuel Navarro firmó un decreto donde disponía que al día siguiente se cierren los comercios para venerar al santo patrono. El 23 de junio de 1854, al año siguiente de la jura de la Constitución Nacional, el gobernador de Catamarca Sinforiano Lascano, firmó un decreto en adhesión al día del santo patrono San Juan.

Un poco más acá en el tiempo, en nuestra Catedral Basílica se dedicó una capilla, con altar de mármol e imagen del santo patrono. Han pasado ya 463 años de aquel 24 de junio de 1558, cuando el patronazgo de San Juan se inició en suelo catamarqueño. Quizás con menos solemnidad, quizás todavía al calor de alguna fogata, quizás incluso desconocido por muchos, aún hoy, en una continuidad secular, los catamarqueños, como los de hace cuatro siglos, todavía veneramos al santo patrono San Juan, “tutelar de los catamarqueños”, como dicen las fuentes.

Y para finalizar, comparto con ustedes estos versos que recopiló nuestro genial Juan Alfonso Carrizo:

Esta noche es noche buena

Noche del señor San Juan

Que la celebran los moros

Los cristianos que serán.

3 comentarios

Juan Jose Arancibia.

Marcelo Gershani Oviedo

Mumbai
Kolkata

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