
El Museo Integral Municipal resguarda una pieza de alfarería arqueológica excepcional, hallada en el Bolsón de Pipanaco. Su complejo simbolismo y antigüedad la convierten en un eslabón clave del arte precolombino del Noroeste Argentino (NOA).
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En las vitrinas del Museo Integral Municipal de Pomán se custodia una de las joyas más curiosas y menos comunes de la arqueología local: una vasija (o cuenco) ceremonial que sobrevive como testigo silencioso del esplendor de los pueblos originarios. La pieza, que destaca por su excelente manufactura, pertenece a la célebre Cultura La Aguada, considerada por los expertos como el momento culminante del arte precolombino en la región.
El objeto arqueológico fue rescatado hace varios años por el profesor Bernardo Perea, quien la encontró semi-enterrada en el Bolsón de Pipanaco (Departamento Pomán). Consciente de su incalculable valor patrimonial, Perea la donó al museo municipal para garantizar su preservación y permitir que la comunidad conecte con sus raíces ancestrales. Cabe destacar que el Bolsón de Pipanaco es un área arqueológica de vital importancia, caracterizada por albergar densos vestigios y restos significativos de civilizaciones antiguas.
Anatomía de una pieza poco común
La vasija sorprende tanto a investigadores como a visitantes por su singularidad estética y morfológica. Entre sus principales características técnicas se destacan:
Diseño y morfología: Presenta una combinación de formas geométricas y zoomorfas (representaciones de animales), complementada con asas laterales y una abertura central bien definida.
Paleta y motivos: Exhibe complejos motivos decorativos lineales en tonalidades rojas y oscuras, aplicadas minuciosamente sobre un fondo rojizo.
Uso probable: Por su morfología y la carga simbólica de sus grabados, los arqueólogos estiman que funcionaba como un recipiente de almacenamiento de sustancias sagradas o bien como un objeto de uso estrictamente ritual en ceremonias comunitarias.
La Aguada: la cumbre del arte agroalfarero
La Cultura de La Aguada se desarrolló principalmente en la región fronteriza entre las actuales provincias de Catamarca y La Rioja, extendiendo su poderosa influencia cultural y religiosa por todo el Noroeste de la Argentina.
El prestigioso arqueólogo argentino Alberto Rex González ubicó cronológicamente a esta sociedad en el Período Agroalfarero Medio (o Período de Integración), situando su esplendor entre los años 500 y 900 d.C. (aunque algunos vestigios extienden su influencia local hasta el 1300 d.C.).
Un legado de bronce y cerámica
La Aguada no solo destacó por su organización social, sino por un desarrollo artístico y tecnológico sin precedentes en la región:
Simbolismo en barro: Su cerámica es mundialmente reconocida por una manufactura impecable y por un complejo entramado de representaciones iconográficas, donde la figura del jaguar (o el «hombre-felino») y los guerreros ocupan un lugar central.
Maestros de la metalurgia: Fueron pioneros en el desarrollo del bronce, utilizando la sofisticada técnica de la cera perdida para fundir objetos decorativos y ceremoniales de altísima precisión.
La presencia de este cuenco en el Museo de Pomán no solo enriquece el circuito turístico y cultural del departamento, sino que reafirma la necesidad de seguir protegiendo los yacimientos del Bolsón de Pipanaco, un territorio que aún resguarda los secretos de las civilizaciones más brillantes del pasado catamarqueño.