
Las vueltas de la vida y los caminos de la fe suelen ser misteriosos, pero la historia de Francília Costa y Luiza Silvério rompe con cualquier esquema tradicional. Dos jóvenes brasileñas que ingresaron al convento con la firme convicción de consagrar su existencia al catolicismo terminaron encontrando el amor mutuo fuera de los claustros.
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Tras colgar los hábitos, contrajeron matrimonio civil y hoy, convertidas en microempresarias, aseguran con orgullo: «Dios fue nuestro Cupido».
Dos caminos unidos por la misión y la adversidad
El viaje de ambas comenzó de manera similar, impulsadas por un profundo sentido de misión espiritual cuando apenas superaban los veinte años. Luiza Silvério, oriunda del estado de Minas Gerais, buscaba llenar un vacío adolescente a través del servicio religioso. Por su parte, Francília Costa creció en el interior de Piauí, guiada por la fuerte influencia de sus abuelos practicantes.
Cuando se cruzaron por primera vez como misioneras en Brasil, la química no fue inmediata; de hecho, compartían una marcada antipatía. Sin embargo, la convivencia diaria y los objetivos comunes dentro de la fe católica transformaron ese rechazo inicial en una sólida amistad.
El quiebre con la vida conventual no se dio por amor, sino por razones de salud y de forma independiente:
Luiza Silvério experimentó cuadros severos de ansiedad y depresión tras el fallecimiento de su abuela materna, una situación agravada por la alta exigencia académica y comunitaria de la institución. Tras recibir tratamiento médico, optó por retirarse.
Francília Costa afrontó un proceso similar durante la pandemia de COVID-19, desarrollando un trastorno de pánico con crisis de miedo agudo. La psicoterapia la llevó a evaluar su continuidad en los claustros.
Del departamento compartido al matrimonio
Al abandonar la estructura eclesiástica, el choque con la realidad civil fue complejo. Ambas se encontraron con una formación exclusivamente teológica, la necesidad de renovar por completo su vestimenta y el desafío de insertarse en el mercado laboral. Para solventar los gastos de alquiler, decidieron compartir un departamento.
Fue en ese entorno de apoyo mutuo y vida cotidiana donde la amistad mutó en un romance profundo. Tras un periodo de noviazgo, Francília y Luiza decidieron sellar su amor en una ceremonia de matrimonio civil. El evento contó con el respaldo y la aceptación de sus familias y, en un gesto significativo, con la presencia de varias de sus excompañeras del convento, aunque lógicamente sin participación de autoridades de la Iglesia.
Empresarias y referentes de la fe inclusiva
«No dejamos a Dios, solo cambiamos la forma de vivir nuestra vocación y nuestro amor».
Actualmente, las jóvenes residen juntas y han logrado un notable éxito en el ámbito profesional como microempresarias: Silvério se desempeña con éxito en el sector inmobiliario, mientras que Costa lidera estrategias de gestión y marketing digital.
Lejos de renegar de su fe, la pareja administra un perfil conjunto en Instagram que se ha transformado en un faro para muchos. Desde allí, no solo muestran su día a día, sino que asesoran a personas que evalúan dejar la vida consagrada y responden consultas sobre cómo conciliar la orientación sexual con la fe cristiana. Además, forman parte activa de Diversidade Católica, una red que agrupa a movimientos de católicos LGBTIQ+ en Brasil, demostrando que su espiritualidad sigue tan viva como el primer día.