
En una nueva edición de una de las rivalidades más apasionantes del fútbol local, el Club Atlético Rivadavia se alzó con el título de campeón en Cuarta División tras superar en una infartante definición desde el punto penal a su clásico rival, Club Social y deportivo Malli, por 4 a 2.
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El encuentro decisivo, disputado bajo una gran expectativa y con un marco acorde a la trascendencia de la final, culminó igualado 1 a 1 durante el tiempo reglamentario.
Un duelo áspero y de pierna fuerte
El partido estuvo marcado por la paridad absoluta y la tensión propia de un clásico. Ninguno de los dos equipos logró imponer condiciones claras en el juego asociado durante los noventa minutos. Las marcas se multiplicaron en cada sector del terreno y el trámite se tornó luchado, friccionado y con escasas situaciones netas de peligro frente a los arcos, reflejando el respeto mutuo y lo mucho que había en juego. Con el marcador empatado en un tanto por bando, la copa debió definirse desde los doce pasos.
Precisión y manos agigantadas
En la tanda de penales, los muchachos de Rivadavia mostraron mayor eficacia y templanza para ejecutar sus remates. Para el conjunto «huaqueño» convirtieron Lautaro Rodríguez, Mauricio Brizuela, Benjamín Salvatierra y Dilan Belmonte (con un remate desviado de Bruno Álvarez).
Sin embargo, el gran héroe de la tarde fue el arquero Tobías Da Silva, quien se erigió como la figura indiscutida de la definición al atajar los disparos de T. Por el lado de Malli, si bien convirtieron Jorge Enrique y Facundo Ríos, las ejecuciones restantes fueron neutralizadas por la seguridad bajo los tres palos de Da Silva, sentenciando el 4-2 definitivo.
Con este festejo, Rivadavia desató la alegría en su parcialidad, cerrando una campaña consagratoria a puro corazón y quedándose con el cetro de la categoría.