
En una apuesta firme por la educación ambiental y la soberanía alimentaria, la Agencia de Extensión Rural INTA Andalgalá continúa impulsando la puesta en marcha y el fortalecimiento de huertas escolares en distintos puntos de la región. En esta oportunidad, las comunidades educativas de la Escuela Primaria de Huaco y de la Escuela de Villavil fueron las protagonistas de intensas jornadas de aprendizaje y trabajo en la tierra.
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El proyecto, que se extiende mediante el acompañamiento técnico a otras instituciones de la zona, busca que las escuelas se transformen en espacios de producción, transformando el patio escolar en un aula a cielo abierto.
Manos a la tierra: El aprendizaje en el surco
Durante los talleres, los estudiantes dejaron de lado los manuales para sumergirse por completo en la experiencia de la producción hortícola. Guiados por el técnico agrónomo David Santillán y el equipo del INTA, los chicos participaron activamente en tareas clave para la temporada fría:
Elaboración de almácigos y siembra: Aprendieron a implantar las principales variedades de hortalizas de invierno.
Sustratos con identidad local: Prepararon la tierra utilizando materiales propios de la zona, potenciando el reciclaje y los recursos disponibles.
Manejo del recurso hídrico: Se capacitó a los alumnos en técnicas eficientes de riego, un punto crítico para la producción en el oeste provincial.
Planificación y cuidado: Se abordaron nociones sobre la rotación de cultivos, el cuidado diario de las plantas y la necesidad de adaptar la producción a los microclimas de cada localidad.
Un puente entre la escuela y la comunidad
Desde el INTA Andalgalá destacaron que estas acciones van mucho más allá de enseñar a sembrar una semilla. El objetivo de fondo es promover el trabajo articulado, generar conciencia sobre la procedencia de los alimentos saludables y dotar a los chicos de herramientas prácticas que luego puedan replicar junto a sus familias en sus propios hogares.
Con el invierno ya instalado en la región, las escuelas de Huaco y Villavil ya ven brotar los primeros resultados de un esfuerzo compartido que une la técnica agronómica con la energía de las nuevas generaciones. En el oeste catamarqueño, la educación también se siembra y se cosecha.